No recurriré a frases manidas este año, tampoco te deseo imposibles, ni caeré en el típico tópico de desearte lo mejor para estos días. Y no lo haré porque creo en el ser humano y sus infinitas posibilidades, en que la felicidad no es algo imperecedero que cae del cielo, más bien algo que se trabaja día a día. Tampoco está en mi mano que tu salud no sufra altibajos; que el amor que tanto anhelas te rescate del tedio, o la cara amiga que te saluda al abrir la puerta de tu casa, se convierta en perfecta de la noche a la mañana. Si ya lo tienes, poco sentido tendría que yo te lo deseara, y si no, créeme, el dinero no te lo dará y por lo tanto...
Y si todavía te preguntas qué puedo desearte sigue leyendo, porque con un poco de suerte hasta encuentras algo de utilidad en mis palabras.
Y si todavía te preguntas qué puedo desearte sigue leyendo, porque con un poco de suerte hasta encuentras algo de utilidad en mis palabras.

Te deseo que alimentes la ilusión del niño que todos llevamos dentro, y no dejes que los problemas conviertan en opaca tu mirada.
Te deseo que nunca seas el peón caído en ese otro tablero que es la vida. Y si ello sucediera, que encuentres la mano amiga que te ayude a incorporarte.
Te deseo que no llenes la maleta de equipaje innecesario, en su lugar, guarda momentos indelebles, sonrisas espontáneas, y esa imagen casi olvidada y polvorienta que dormita en el desván de tu memoria.
No seas como el hielo que dura un suspiro, se diluye, y mezclándose pierde su esencia. Tú, fúndete con la vida y bébetela sorbo a sorbo, saboreándola, disfrutándola…viviéndola.
