XXII
Pilar abrió la puerta sabiendo por la hora, que era el vecino. Le llamó la atención la expresión de su rostro, parecía preocupado, y aunque los niños no estaban le invitó a pasar.
-¿Le ha sucedido algo al niño?-preguntó ya en el salón-
-No, está perfectamente.
-¿Una copa, o un café?
-Nada, gracias.
-Yo tomaré un café, ¿me acompañas o tienes prisa?
-Sólo me quedaré unos minutos, en realidad pasaba únicamente para saludarte.
-Es mi mujer-dijo interrumpiéndola-
-La he visto hace un rato, y la verdad, estaba como una rosa.
-Ese niño no debería existir, debí pensarlo antes…
-¿Qué demonios estás diciendo? Ese niño es tu hijo.
-Acabo de hablar con su médico y ha sido muy claro. El bebé tiene muy pocas probabilidades de sobrevivir, pero si el embarazo se alarga el futuro para ella no es muy esperanzador. Tampoco es seguro que nazca sin anomalías, ya que supera los 35 años y su salud ha sufrido un considerable deterioro en los últimos meses.
Su última analítica indica una leucopenia, un considerable déficit plaquetario, una diabetes gestacional y unos niveles de colesterol muy por encima de la media. Existe además una hipertensión preocupante que puede derivar en serios problemas cardiovasculares, o incluso provocar una preeclampsia en el peor de los casos
-¿Me sigues?
-No del todo
-La posibilidad de un aborto es elevada y peligroso para la madre.
-Entiendo.
-Me siento impotente.
-Es natural, del todo lógico ante una situación compleja, en la que la buena voluntad lamentablemente no basta.
No lo sabe, y no me encuentro con fuerzas para decírselo; está empeñada en seguir adelante, ilusionada pensando en un futuro que no podrán compartir.
-Por mucho que lo desees no está en tu mano cambiar el futuro. Deja de culparte por algo que no podías saber.
-¿Cómo se lo digo?
-Tal vez ya lo sepa. Cuando ya has parido, esos pequeños detalles no pasan desapercibidos, no sé si por fortuna, pero tenemos un sentido muy agudizado en la preñez, sabemos antes que nadie cómo van las cosas. La naturaleza es sabia, confía en ella.
-Si algo sucediera…
-Si en algo puedo ayudaros, yo…
-Ya me has ayudado escuchándome y ni siquiera te he dado las gracias.
-Ve con ellos y procura descansar, ya hablaremos en otro momento…pienso seguir aquí por muchos años-dijo sonriendo mientras le acompañaba a la puerta-
Pobrecillos, debe ser terrible tener que afrontar un hecho de tal envergadura en soledad, enfrentarse a una posible pérdida sabiendo que no puedes flaquear, que tu sonrisa es imprescindible para sostener a otros. Sólo por la ilusión del niño ante la inesperada llegada de un hermano, merecen que todo salga bien. Por no pensar en ella, claro, que de enterarse estaría todo el día afligida, sin dejar de pensar en lo que el futuro le depara, y en la posibilidad de no volver a ver a su hijo. Sin duda lo peor que a una madre le puede suceder, la pena más negra y el dolor más grande que puede soportar.
Mañana subo a verla con una escusa cualquiera-se dijo ya en la cocina-










